Año:2019 Pg:97-126 |
Título: Letras a Berenguer: las relaciones de Berenguer de Aguilar (ca. 1502 - ca. 1579) con el humanismo va
Autor: Ferragut Domínguez, Concepción Periodo: Historia Moderna Materia: Cultura Siglos: XVI Tema: Estudios y documentos-Estudis i documents Idioma: Castellano Vista prévia
Concepción Ferragut Domínguez Universitat de València
Letras a Berenguer: las relaciones de Berenguer de Aguilar (ca. 1502 - ca. 1579) con el humanismo valenciano1 INTRODUCCIÓN La entrada del humanismo en las tierras valencianas a principios del siglo XVI tuvo su principal vía de penetración en el recién estrenado Estudi General. Los studia humanitatis no contaron, de entrada y en general, con el apoyo de la aristocracia regnícola, anclada en el estereotipo medieval del caballero guerrero y en su creencia de que las letras constituían un impedimento y un estorbo para la vida y la gloria militar2. En efecto, en un mundo en el que el culto al valor, el honor y la fuerza física primaban sobre la educación, la erudición y el amor al conocimiento, pocos fueron los nobles valencianos que se interesaron por las bonae litterae y ejercieron el mecenazgo cultural3. 1 El presente trabajo se inserta en el marco del Proyecto de Investigación Memoria, Imagen y Conflicto en el arte y la arquitectura del Renacimiento: La revuelta de las Germanías de Valencia (HAR2017-88707-P). 2 Para un análisis de esta actitud y de la percepción que los humanistas tenían del rechazo de la nobleza hispana a las letras y a la cultura, uid. Gil Fernández (1981: 303-308). Entre las posibles ocupaciones profesionales de un humanista, la primordial y más específica era la edición y comentario de textos, pero en estos momentos no existía en España, y menos aún en Valencia, suficiente demanda de este quehacer filológico por parte de grandes empresas o de bibliotecas. En segundo lugar, el humanista podía entrar al servicio del rey o de un miembro de la nobleza; la entrada en la corte implicaba una dura lucha con los entonces llamados letrados, doctores en leyes generalmente más ejercitados y preparados para el desempeño de la función pública; por su parte, la relación con un noble en calidad de secretario, preceptor, etc., implicaba «aceptar sin protestar las incomodidades y exigencias impuestas por una situación de dependencia servil, apenas paliada con especiosas titulaciones» (p. 303). La última opción era la enseñanza, ya fuera privada, tomando como pupilos a hijos de la aristocracia regnícola, ya fuera pública, en escuelas o universidades. Esta situación se mantuvo, con escasas diferencias, en el conjunto del ámbito peninsular a lo largo de toda la centuria. En el caso de Valencia, salvo casos excepcionales, como Juan Luis Vives, Honorato Juan o Fadrique Furio Ceriol, no hubo humanistas con acceso a la corte; unos pocos afortunados consiguieron colocarse al servicio de la aristocracia local, más preocupada, en general, de adornar sus blasones con un ligero barniz de refinamiento cultural, que de inculcar en sus descendientes la afición al estudio y de proporcionar u(...) |