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  Estudis i documents

Any:1990
Pg:77-82
Títol: La vida religiosa de Alaquàs a principios de este siglo (III).
Autor: Esteve Forriol, José
Perióde: Història Contemporània
Matèria: Religió
Segles: XX
Tema: Estudis i documents-Religió
Idioma: Castellano



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JOSÉ E S T E V E F O R R I O L

LA VIDA RELIGIOSA DE ALAQUÀS A PRINCIPIOS DE ESTE SIGLO (III)
EL COMULGAR DE IMPEDIDOS. Como final de las fiestas de Pascua, el lunes después de la octava, día festivo, porque en él se celebra en Valencia la solemnidad de San Vicente Ferrer, tenía lugar, lo mismo que en la actualidad, el comulgar de impedidos. Era y es una procesión muy solemne, con muchísima asistencia de fieles, que, llevando velas en las manos, acompañaban el Santísimo Sacramento, cuando era llevado a los enfermos e impedidos para que pudieran cumplir en sus domicilios con el precepto de la comunión anual de Pascua. La víspera el campanero o un grupo de monaguillos recorría las calles por donde tenía que pasar, tocando sonoramente una campanilla. De esta manera se avisaba a los vecinas. Las calles quedaban barridas y limpísimas, adornadas con macetas y tiestos de flores. De los balcones y ventanas y, a veces, hasta de los aleros de los tejados pendían las colchas más valiosas de las casas. A las puertas de los hogares donde tenía que entrar Nuestro Señor se esparcían enramadas de flores y hierbas olorosas. El acto comenzaba muy de mañana con el fin de abreviar a los enfermos el tiempo de ayuno anterior a la comunión, porque las normas eran entonces más estrictas que ahora y los impedidos que podían abstenerse de alimentos debían hacerlo hasta después de comulgar. Iniciaba la procesión la "campaneta del combregar", sonando con cadencia ininterrumpida, que imponía respeto y devoción en el silencio de la mañana. A continuación seguían en dos filas los hombres con las velas encendidas. Luego, bajo palio, el señor "Retor" con capa pluvial blanca, recortada, que no llegaba más abajo de las rodillas. Como escolta de honor rodeaban el palio los portadores de faroles, que acompañaban de cerca al sacerdote en todo momento, dentro y fuera del palio. Las mujeres seguían agrupadas detrás. Una de las dos bandas de música, acompañaba los himnos eucarísticos que el pueblo cantaba: y repetía la Marcha Real no sólo al salir y entrar el Santísimo en la Iglesia sino cuantas veces lo hacía en las casas de los impedidos. Todos los asistentes permanecían de rodillas en estos momentos, muy emotivos, sobre todo, para los que se sentían muy honrados por la visita de Nuestro Señor a sus hogares. Así transcurre, con pequeñas diferencias, este acontecimiento religioso aún hoy en día. Por la tarde la juventud salía al "secá" a comerse por última vez la "mona". Y hasta el año siguiente.
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